Probamos dos iconos americanos

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Ford Mustang Fastback 5.0 y una Harley-Davidson Road King Special.
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Hemos decidido contraponer los dos mayores iconos de la industria automovilística americana como son un musculoso Ford Mustang Fastback 5.0 y una bella Harley-Davidson Road King Special.

Sin duda, llama la atención que la marca del óvalo haya tardado varias décadas y muchas generaciones en decidirse a traer su modelo deportivo “para las masas” al viejo continente, aunque, nunca es tarde si la dicha es buena… La receta para la enésima versión de este muscle car es sencilla, una estética más atractiva que nunca, una mecánica poderosa y un precio extremadamente competitivo. Las afiladas líneas que conforman esta deportiva carrocería quedan en segundo plano al escuchar el ronroneo incesante del magnánimo V8 de cinco litros de cubicaje capaz de rendir 450 cv. Esta es la esencia de un vehículo al que Ford ha configurado para poder ir deprisa pero que, en ningún caso, esconde su espíritu de gran turismo con el que poder recorrer grandes distancias ya sea por autopistas o por sinuosas carreteras. Eso si, el consumo de carburante es directamente proporcional a la sonrisa que se dibuja en tu cara al acariciar (hundir) el acelerador. La transmisión, manual de seis velocidades, proporciona toda la diversión que nos podemos imaginar con un tacto mecánico y un recorrido corto que hacen de este gran coche una máquina de quemar rueda y proporcionar alegrías al son del pie derecho.

La configuración del habitáculo, una clásica 2+2 con espacio sólo para niños detrás, ofrece una atmósfera con unos buenos acabados que, no enamorarán a un sibarita del coche “premium” alemán, pero son más que correctos. La dotación tecnológica del pura sangre es, en su más reciente actualización, bastante completa e incluye sistemas de asistencia a la conducción y a la frenada de emergencia entre otros muchos gadgets tecnológicos tan demandados por el gran público.

Como lo fue Gillette con las maquinillas de afeitar, Harley-Davidson ha sido el referente para (casi) todo el mundo al hablar de “customs” o “choppers”. La firma de Milwaukee sigue siendo esa marca que fabrica enormes motos, con motores de altas cilindradas y, sobretodo, con ese ronroneo tan característico, reconocible y embriagador de siempre. Esta espectacular H-D Road King Special en blanco mate, perteneciente al segmento “Touring”, representa a la perfección esa combinación entre herencia y un exitoso ejercicio para otorgar un enorme atractivo a esta montura, independientemente de la generación en la que se haya nacido. Ni más ni menos que 1868 son los centímetros cúbicos los que otorgan a esta Road King suficiente potencia y 163 Nm de par para moverse con sobrada velocidad, con un propulsor siempre preparado para empujar con contundencia sea cual sea el régimen de vueltas al que gire. Como buena Harley, el Milwaukee-Eight 114, asociado a una transmisión de seis relaciones, emite las clásicas vibraciones que, lejos de ser molestas, transfieren personalidad y esencia a una motocicleta capaz de girar cuellos allá por donde circule. La posición de conducción es extremadamente cómoda, como si de un sillón se tratara, y permite ir relajado con los pies perfectamente reposados en todo momento. El peso es, sin embargo, un elemento muy a tener en cuenta a la hora de circular pues, si bien es cierto que el equipo de frenado firmado por Brembo y de funcionamiento combinado ofrecen un gran rendimiento, las inercias son mayúsculas teniendo en cuenta los 355 kg (en seco) en los que deja la báscula este modelo. Con un neumático trasero que calza unas gomas de 180 mm, la King Road Special aporta una gran dosis de estabilidad que, sin mostrarse torpe, no favorece una conducción muy dinámica.

Estos dos iconos de la carretera son tan necesarios como excesivos en sus particulares propuestas para el conductor. Son dos vehículos que rebosan pasión, personalidad y un cierto grado de inmadurez que recorre las venas de todo aquel a los que nos recorre gasolina de alto octanaje en nuestras venas. Estos dos modelos son perfectos a su propia manera. Claro, si queremos buscar algún defecto, los podríamos encontrar, pero hoy estamos hablando de pasión americana, de la sarna que encantados nos rascamos pues la satisfacción que estos dos estilos de vida son capaces de transmitir, no tienen comparación alguna con sus defectos. Si la vida está para vivirla, yo quiero uno de cada en mi garaje.

Puede acceder a este contenido completo en nuestra revista número 406, página 108.

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